“Si me graban las cámaras de seguridad saltando la verja me va a detener la Policía”

Eso es lo que pensé mientras lanzaba mi mochila al otro lado del muro y me disponía a trepar.

Quería llegar al otro lado de la sede de una empresa multinacional bien conocida.

A las 12 de la noche.

¿Por qué estaba tan loco como para hacer eso?

Hay una respuesta en esta página y es interesante que la sepas si tienes un pequeño negocio.

Todo comenzó en 2010, cuando trabajaba en las Consultoras de los cambios de los cambios de los cambios

…haciendo páginas webs para los clientes de los clientes de sus clientes.

Lo “normal”, vaya.

Hasta que llegó la tarde que lo cambió todo.

Como era costumbre, me tocó quedarme a terminar un encargo en el último momento.

Más allá de las 18:00.

Mucho más allá.

Eran las 22:30 y salí al pasillo a tomarme un respiro.

No tenía tabaco.

No había nadie más en el edificio.

Estaba nervioso y solo se me venían a la cabeza las típicas conversaciones entre compañeros:

― “Pero, ¿por qué no traen a un diseñador más y entonces terminamos este proyecto en la mitad de tiempo? Es mejor para nosotros y para el cliente.”

― “Nah, no lo van a hacer. El dinero ya se lo ha llevado el jefe.”

Cuanto más lo pensaba más me mareaba.

Solo quería fumar, pero no podía.

Quería irme a casa, pero ya sabía lo que me esperaba si no terminaba el encargo.

Estaba desesperado y al borde del colapso.

Entonces, me fijé en el cenicero para apagar las colillas.

Todavía quedaban algunas.

Y, por un segundo…

Por un solo segundo…

Se me pasó por la cabeza coger uno de esos cigarros mal terminados…

…y acabar de fumarmelo yo.

Puede parecer una tontería (y si eres fumador es posible que alguna vez te haya ocurrido).

Pero para mi, en aquel momento, fue un punto de inflexión.

Verme así, en ese estado, me hizo parar.

Mirar a mi alrededor… y espabilar.

Decidí que lo dejaba.

No me importaban las consecuencias.

Cogí mi mochila y me fui.

A medianoche.

Y al salir a la entrada principal para dejar el edificio encuentro que la puerta está cerrada.

― “¿Puede usted abrirme, por favor?,” le dije al tipo de seguridad que estaba al cargo (y la única persona que se encontraba en todo el recinto).

― “¿Qué haces todavía aquí? Yo no puedo abrir para dejar salir a nadie, solo puedo abrir por emergencias”, me dijo mirando muy extrañado, como si pensase que le estaba mintiendo y con la mano derecha puesta en el auricular del teléfono.

― “Es igual,” contesté.

Me fui a la puerta trasera, donde la verja…

Tiré mi mochila al otro lado…

Y salté la valla.

Me temblaban las piernas pero, a la vez, creo que jamás he realizado movimientos tan firmes como aquel.

Así fue como dejé la consultora y me lance como emprendedor a implementar y diseñar páginas webs para mis propios clientes.

He hecho cientos y cientos de páginas y modificaciones estúpidas en webs que no le importaban a nadie.

Es más, no le importaban al visitante de la web.

Y, por supuesto, a mi no me importaban lo más mínimo.

Las odiaba. Fueron mis peores trabajos como diseñador.

Entonces…

¿A qué profesional vas a contratar para construir la herramienta de comunicación más poderosa que tienes como pequeña empresa?

Evita contratar a alguien que no está disfrutando con lo que hace.

Evita contratar a alguien a quien no le importes.

Un primer paso es contratar a alguien que solo haga webs para pequeñas empresas.

Sí, esos son mis clientes.

Y los visitantes de tu negocio online… los clientes de mis clientes.

Si no estoy diseñando y optimizando algo probablemente es que…

Ya no teme quedarse atrapado en grandes recintos empresariales… siempre se va antes de que cierren. Pero, por si acaso… teletrabaja por su cuenta haciendo páginas web para pequeñas empresas.

Hagamos algo grande con tu pequeño negocio...

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